Bienaventurados Por Mi Causa
Detalles
ISBN-13: 9788493914912
Editorial: BENDITA MARIA
Páginas: 150
Bienaventurados por mi causa
Arias Crespo, Antonio.  
15,00 €
 
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Contenido

 Es cierto, y Antonio Arias lo señala, que no es fácil “entender” cuál sea la beatitud o felicidad que pueda encontrarse en la pobreza, en la manse- dumbre, en el llanto, en el hambre y sed de la justicia, en la persecución, etc.Todas y cada una de las Bienaventuranzas que conforman el corazón del Sermón del Monte contienen una paradoja o contradicción —al menos en la superficie de sus enunciados—, que necesita una clave para ser correctamente comprendidas y, sobre todo, para ser incorporadas a la vida en toda su virtualidad: al fin y al cabo lo que todos buscamos es una existencia en plenitud, aunque a veces el coste que hay que pagar sea elevado. En las páginas que ha escrito Antonio Arias encontramos esta clave: “Por mi causa”. Nadie podría cifrar la dicha y beatitud definitivas en el mensaje de las Bienaventuranzas, tal como las presenta el Evangelio, si no fuera desde la aceptación de una espacialísima autoridad de quien pronuncia dicho mensaje. En Cristo Jesús está el hontanar de la felicidad. Sacar agua con gozo de esta inagotable fuente de la salvación, como dice la Escritura, es poseer el Espíritu del Señor. Sin este Espíritu no es posible ser dichoso en medio de renuncias, desprendimientos y persecuciones. “Por mi causa”, por causa del Señor Jesús, sufrir, ser humilde y limpio de corazón, aguantar la pobreza y las lagrimas, es encontrar la capacidad en el entendimiento para descubrir la verdad. “Por mi causa” no es solo un buen motivo para soportar la contradicción que presenta el discurso del Señor, sino ante todo una gracia donada a todo el que cree esta palabra, donada desde el cielo por el Espíritu del Resucitado. Dicho con palabras de Antonio Arias: “...las Bienaventuranzas no son una ley que hemos de cumplir, sino puro Evangelio, o sea, buena noticia para nosotros”. Ojalá todas estas cosas nos sean concedidas por Aquel que no dudó entregarnos a su propio Hijo para nuestra eterna beatitud y felicidad, em- pezando ya por esta vida de aquí. Pedir esto al Padre anima “Bienaven- turados por mi causa”.Ya decía al principio que hará mucho bien a quien lo lea, máxime contando con la intercesión de María Santísima a quien lla- mamos bienaventurada entre todas las criaturas.

 

 

 

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